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domingo, 15 de noviembre de 2009

Eutanasia en Suiza

CARTAS AL DIRECTOR
El Correo de Burgos, 12-VIII-2009

domingo, 14 de junio de 2009

¿Es posible una ideología totalitaria que domine Europa?

Yo me pregunto a veces si en el avanzado Occidente (Europa y EE.UU, principalmente) no habremos iniciado la decadencia, el declive de la civilización, si no estaremos abocados a ideologías totalitarias que “pongan orden” en el caos al que nos dirigimos por culpa de la extensión del relativismo. (Miremos la Historia y aprendamos de otras civilizaciones que nos precedieron y cayeron, creyéndose ellos mismos que durarían para siempre).

Esas ideologías totalitarias no tienen porqué ser de carácter nazi o comunista (aunque pueden serlo), pues no olvidemos que a las puertas tenemos el Islam, una religión con ambiciones de gobernar políticamente el mundo. Sus normas son primitivas, pero a la vez son “normas fuertes”, que ponen orden en medio de una sociedad relativizada, y eso le hace ganar adeptos, que se ven justificados al imponerla a otros aunque sea a través de guerras o de terrorismo.

Una crisis económica aguda como la actual, u otro tipo de hecatombe (cambio climático, epidemias, etc.), podrían abrir las voluntades a una ideología de pocas premisas pero con fuerte impacto en el comportamiento personal (aunque sea de forma fingida), a través de “normas fuertes”, como puede ser cualquier ideología totalitaria. Por ejemplo, la adhesión cerrada al Islam de muchos musulmanes admira a muchos y convence a otros tantos a abrazar dicha doctrina. (Por otro lado, la llegada indiscriminada de musulmanes a Europa está haciendo renacer movimientos neo-nazis que también se apoyan en unos pocos postulados y en unas pocas “normas fuertes”, en contraposición a las “normas débiles” que se cuelan en la legislación de Europa. Y estos movimientos también están creciendo).

Volviendo al principio, mencioné la palabra “decadencia”. Para mí, la decadencia comienza con el relativismo moral; de éste, se pasa a la relajación de las costumbres y, de esta relajación, a un egoísmo socialmente aceptado: cada uno mira ya sólo por su bienestar. Esto conduce a personas insolidarias y, en último extremo, a aceptar ampliamente y legalizar conductas como el aborto, la eutanasia y la eugenesia. De aquí, a delatar al vecino (que cuestiona la doctrina oficial), sólo hay un paso. Y la delación es el oxígeno del totalitarismo. Si una sociedad aguantara mayoritariamente la presión mafiosa o para-policial (a veces tortura) y no delatara a nadie, el totalitarismo no tendría nada que hacer allí.

Pero en una sociedad de egoístas, todos quieren salvar el culo, y cualquier acto está justificado para ello: si una madre puede matar al hijo de su vientre para librarse de un embarazo, cualquier otro acto estará más que justificado, y los demás seguirán el mismo camino, cada uno según su necesidad para salvar su vida, aunque sea acusando falsamente al vecino, al amigo, al jefe, a la esposa. Es el caldo de cultivo de cualquier doctrina totalitaria. (Estos comportamientos de delación han sido frecuentes en las guerras balcánicas, hace pocos años, en el corazón de Europa. Así que no estamos tan lejos de ellos).

Si, debido a ese egoísmo, no hay una sociedad civil fuerte que proteja la vida humana incluso con heroismo, cualquier ideología totalitaria tiene el campo abierto para implantarse, a través de las urnas en un primer estadio, y acorralando, encarcelando y eliminando a los adversarios en momentos posteriores.

Y hoy día, nuestras leyes y nuestra Europa no están protegiendo la vida humana, y mucho menos con heroísmo.

Una sociedad de egoístas no tiene recursos morales para hacer frente a cualquier poder que se le imponga por las armas. Eso es lo que, en mi opinión, ocurrió en la Alemania pre-nazi. La 1ª Guerra Mundial arrancó muchas convicciones morales que podrían haber servido de freno al nacionalsocialismo. Y puede volver a pasar en algún momento y lugar del Occidente democrático. Sólo falta la chispa.

jueves, 12 de marzo de 2009

Otro síntoma

Leído en Yahoo hoy mismo:

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Dieciséis muertos en el ataque de un joven en un colegio alemán

Un adolescente de 17 años vestido con un traje de combate negro disparó sin control el miércoles en una escuela en la cual había estudiado, dejando 15 personas muertas antes de fallecer durante un enfrentamiento a tiros con la policía. (...)

(...) Fue el más reciente tiroteo que ha estremecido a Alemania en los últimos años, donde ha habido varios incidentes parecidos en escuelas.

El tiroteo del miércoles siguió a otro en Estados Unidos el martes, en el cual un hombre armado disparó y mató a 10 personas para luego suicidarse en el sur de Alabama.



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COMENTARIO: ¿Qué nos está pasando como sociedad? Este tipo de actos ya empieza a ser frecuente. Antes no sobresaltábamos cuando nos llegaban noticias como esta (o similares) desde Estados Unidos, el paraíso de las armas. Pero cada vez es más frecuente que ocurra en el Viejo Continente. Me suena que no hace mucho también ocurrió algo parecido en Alemania.

No olvidemos que era un joven de 17 años, casi un niño, o recién salido de la infancia. ¿Qué ha pasado por su cabeza para hacer semejante matanza?

A mí no me quitan de la cabeza que este tipo de actos está relacionado de alguna forma con la degradación moral que lleva sufriendo Occidente desde la Segunda Guerra Mundial, por lo menos. Esa degradación está llegando a su culmen con la aprobación de leyes que permiten el aborto, la eutanasia o la manipulación de embriones. Esas leyes arrogantes se pagan, de una forma o de otra, aunque se promulguen bajo la excusa de que "se hacen por mandato del pueblo".

El aborto, el terrorismo, las guerras, las torturas, etc. no son sólo actos repudiables sino que son hechos reales. Encuentran su camino en la degradación que el concepto de "ser humano" ha sufrido en los últimos decenios.

Ayer oíamos del asesinato de dos soldados en el Ulster, después de algún tiempo sin terrorismo por aquella zona. Otro síntoma. La serpiente se despereza y vuelve al ataque.

En resumen: hoy les ha tocado a ellos, mañana quizá vendrán a por mí y, si no protesto ahora, tal vez entonces sea demasiado tarde:

PROTEJAMOS AL SER HUMANO DESDE SU CONCEPCIÓN HASTA SU MUERTE NATURAL PORQUE AL HACERLO ASÍ ESTAREMOS PROTEGIENDO TAMBIÉN NUESTRO FUTURO Y EL DE NUESTROS HIJOS Y NIETOS.

martes, 24 de febrero de 2009

El gesto de un hombre íntegro

Copio y pego de la web "Hay alternativas", 23 de febrero de 2009:

http://www.hayalternativas.org/noticias/?p=489

ha | Un misionero de Paraguay devuelve un título honorífico al presidente italiano por el caso Eluana

Considera que no se puede reconocer su labor que consiste en ayudar a personas como Eluana Englaro y a la vez negarse a salvar de la muerte a la joven

El misionero Aldo Trento ha devuelto el título de Caballero de la Orden de la Estrella de la Solidaridad al presidente de la República italiana Giorgio Napolitano por considerar no puede recibir “semejante honor” cuando Napolitano “permite la muerte de Eluana, en nombre de la República italiana”. Aldo Trento es sacerdote desde 1989 y un misionero reconocido de la Fraternidad de San Carlos Borromeo en Paraguay
El sacerdote responsable de una clínica de enfermos terminales en Asunción ha aclarado que ha devuelto el reconocimiento por negarse Napolitano a firmar el decreto que habría detenido la muerte de Eluana.

Trento ha explicado que en su clínica tiene “más de un caso como el de Eluana Englaro” y que ha llevado al cementerio “a más de seiscientos de estos enfermos”. Asimismo se ha preguntado: “¿cómo se puede aceptar semejante operación como la que se hizo a Eluana?”.

Dedicación y humildad

El sacerdote ha explicado casos concretos como el de Celeste: “Tiene once años, sufre una leucemia gravísima, no había sido nunca tratada, me la han traído sólo para enterrarla. Hoy Celeste camina. Y sonríe”. También ha hablado de Cristina: “una niña abandonada en un basurero, es ciega, sorda, tiembla cuando la beso, vive con una sonda como Eluana. No reacciona, tiembla y basta, pero poco a poco recupera las facultades”, añade.
Además el misionero ha destacado el trabajo de sus médicos explicando que no le importa la piel “putrefacta” de los enfermos y ha añadido: “tendría que ver con qué humildad les curan mis médicos”. Para Trento “el hombre no se puede reducir a una cuestión química”.

Finalmente el sacerdote ha explicado que no entiende “cómo puede el presidente de la República ofrecerme una estrella a la solidaridad en el mundo”, por lo que “he cogido la estrella y la he llevado a la embajada italiana en Paraguay.

Publicado en Forum Libertas



MI COMENTARIO: gestos como este son los que pueden cambiar este mundo enfermo.

sábado, 24 de enero de 2009

Pionero en eutanasia (Morfina por compasión)

Recomiendo la lectura de este artículo de Martín Prieto sobre un libro recientemente publicado, donde se denuncian las prácticas anti-vida (eufemísticamente: eutanasia) de un anestesista que ha sido elevado a los altares del PSOE como un gran héroe de las libertades, gracias a que se dedicó -según parece- a aplicar cuidados paliativos "extremos" a ciertos enfermos terminales que molestaban en el hospital. Un anestesista "compasivo", ¿no?.

El Mundo, 14 de diciembre de 2008:

EL PURGATORIO DE LOS LIBROS
Morfina por compasión
MARTIN PRIETO

Morfina Roja
Autor: Cristina Losada. / Editorial Libros Libres. Año 2008.

En la isla griega de Koos emergen las piedras raídas, como escombros dentales, del anfiteatro que sirvió de escuela a Hipócrates y venden a los turistas pergaminos con el juramento de aquel primer médico por respetar la vida y la salud de los pacientes sin causarles mal alguno. No tengo noticia de que los nuevos galenos presten el juramento hipocrático salvo en algunas universidades antiguas y solemnes, por lo que compendiada la Etica médica en aquél proliferan las comisiones deontológicas de criterios dispares. No a otra cosa obedece que el doctor Montes puede ejercer la Medicina y hasta recorrer España conferenciando sobre la muerte digna (un médico que no habla ni de sanación esperanzada), absuelto por la Justicia y sin que su Colegio le haya sancionado por una demostrada mala práctica. Por el contrario ha devenido en icono mediático del Gobierno que pretende aprobar hasta el suicidio asistido.

Cristina Losada ha escrito Morfina Roja (Ed. Libros Libres) sobre los sucesos de los que tuvo preavisos en el hospital madrileño de Leganés Severo Ochoa, protagonizados por el doctor Montes y su equipo de urgencias dado irregularmente a las sedaciones terminales. «¿Ha visto usted algún médico en la cárcel?», jaqueaba Montes. Esa es la cuestión cuando se dan la mano la política y el peor corporativismo. El escándalo profesional-judicial trocó en escandalera política ordenada por los socialistas erigiendo en mártires de la derecha a los defensores de la muerte de los demás. Cristina Losada es una mujer de izquierdas, y probablemente lo sigue siendo, de la tribu que se cayó el caballo en el camino de Damasco, aunque el equipo de san Pablo sólo aparece en la patrística en el siglo XIII. Aparece el testimonio de la autora en otro libro reciente (Por qué dejé de ser de izquierdas de Somalo y Noya) en el que narra su viaje desde el trotskismo de la Liga Comunista Revolucionaria cuando Franco todavía mordía al liberalismo, tras una revisión intelectual del socialismo y una vuelta al mundo con una mano delante y otra detrás, más la depresión en la mochila.

El anestesista Luis Montes no es un delirante solitario; su servicio de urgencias y otros médicos del Severo Ochoa eran conocidos como Sendero Luminoso, parte de una frase del ideólogo comunista peruano Juan Carlos Mariátegui, con la que Abimanel Guzmán bautizó su guerrilla andina. El Severo Ochoa fue tomado como hospital piloto de la medicina socialista y la econometría de camas en planta liberando las urgencias de teóricos enfermos terminales. En «el sedadero» se sustituían los cuidados paliativos por la sedación terminal al otro barrio, exactamente igual que en los años prebélicos de la medicina nazi. La autora documenta estas atrocidades morales que acabaron en nada tras ser centrifugadas en la lavadora de la miserable politiquería que padecemos. La foto es la de Montes y Zapatero abrazándose durante la última campaña electoral.

Morfina roja es el prólogo explicativo de una futura ley de muerte digna por la que los deudos acelerarán las herencias y se gratificarán los suicidios, forma de reducir las hospitalizaciones y las listas del paro en una ingeniería social de la defunción políticamente correcta. Es Historia sepia la máxima de don Santiago Ramón y Cajal: «El fin práctico de la civilización consiste en obligar a la muerte a hacer cada día más larga antesala delante de nuestra alcoba». A Hipócrates le han inyectado en vena morfina roja.

martes, 21 de octubre de 2008

Pequeña historia de mi abuela holandesa

Mi abuela, que aún era joven para ser abuela, pues tenía sólo 66 años, acababa de dar los últimos suspiros de su vida. Después de hacer un ruido gutural y emitir algunos estertores, dejó de respirar. Con la ayuda de un doctor bienintencionado -pagado por el gobierno-, y rodeada de sus familiares más próximos, acaba de quitarse la vida. El doctor hizo algunas pruebas para confirmar la muerte, asintió con la cabeza echándonos una mirada a los presentes, recogió su parafernalia en un maletín y, disculpándose brevemente, se marchó dejándonos a los familiares ante el cadáver y a la espera de que llegara el personal de la funeraria.

Para mi abuela Gertrud no tenía sentido seguir viviendo pues su final estaba claro y cercano. Hacía unos días le habían diagnosticado un tumor de grandes dimensiones en el intestino y con varias metástasis. No había curación. Le quedaban apenas unas semanas, unos meses todo lo más.

Todos nosotros, alrededor de ella, guardábamos un embarazoso silencio. Apenas nos atrevíamos ni a mirarnos unos a otros. Habíamos conocido a una Gertrud llena de vida y alegría. Y ahora estábamos atónitos ante el despojo de su cuerpo y este desenlace tan rápido. Seguramente nos culpábamos de nuestra impotencia para convencerla de que no lo hiciera. ¡Pero si casi no nos había dejado ni hablar!. Cuando algunos de nosotros, días atrás, tratábamos de hacerle pensar mejor en esta decisión de acabar con todo, nos interrumpía antes de empezar a hablar: "Bah, bah, tonterías, no os preocupéis por mí, yo estaré muy bien cuando me haya ido... ¿Queréis probar esos pastelitos que he horneado?". Siempre había sido así, muy independiente y muy dueña de su propia vida. No dajaba que nadie se metiera en sus asuntos. No sé si era sólo mi impresión, pero esos últimos días me pareció que ella trataba de ser la que había sido siempre, hasta el postrer minuto, como si no pasara nada.

En mitad de aquél pesado silencio que nadie se atrevía a romper, el timbre del teléfono tronó como una explosión en nuestros oídos .

Yo era el que estaba más cerca de la puerta de salida, así que me dirigí al pasillo -donde estaba el aparato- y descolgué:
- ¿Dígame? -una voz femenina respondió:
- Hola, ¿es la casa de doña Gertrud Shmidt?
- Sí, aquí es... -contesté confundido y en un volumen muy bajo.
- ¿Podría hablar con ella?
- No,... eh, bueno, ahora no se puede poner.
- ¿Más tarde, tal vez?
- No, más tarde tampoco. Está indispuesta. -mentí con un hilo de voz, tratando de que no se me notara el nerviosismo y buscando evitar más preguntas. Pero la voz femenina, al otro lado del hilo, insistía:
- ¡Vaya, que fastidio! Tenía que darle una buena noticia... ¿Es usted familiar suyo?
- Sí, es mi abuela... -"era" pensé yo, pero usé el tiempo verbal en presente.
- ¡Ah, encantada...! ¿Puede darle usted un recado de mi parte?
- Eh,... bueno... dígame.
- Llamo del hospital. Es con respecto a los resultados que le dimos hace una semana. Hemos tenido un error cambiando los informes de dos pacientes. El caso es que le dimos el de otra persona que está muy grave. Por el contrario, la señora Schmidt no tiene de qué preocuparse. Su diagnóstico son unos pólipos en el intestino pero no revisten ninguna gravedad. Con una sencilla cirugía se pondrá como una rosa...
- Pero... pero... ¿qué me está diciendo? ¿Que NO tiene un tumor avanzado en el intestino? -casi grité yo, cambiando totalmente el tono de mi voz. Una especie de calor me subió desde la cintura hasta la cabeza, y noté que me inflamaba de rubor por el mazazo de la noticia... Mi corazón se puso al galope y las piernas me flaqueaban. Buscaba una silla pero no había ninguna cerca.
- Así es, su abuela está casi como una rosa...
- Pero... ¡si se acaba de suicidar pensando que ya no le quedaban más que unos días...!!! -dije yo sin saber ya qué hacer con mi cuerpo, ni qué postura adoptar, o cómo poner la mano que tenía libre (creo que agarré el auricular con las dos manos). A esas alturas, varios familiares habían salido de la habitación de la abuela y me miraban tan atónitos como si yo mismo fuera la abuela resucitada. Y yo les miraba a ellos con los ojos abiertos como si estuviera viendo a un grupo de fantasmas. La mujer que hablaba conmigo enmudeció. Creo que se le escapó una palabrota de incredulidad.

El resto... es otra historia.

viernes, 17 de octubre de 2008

Eutanasia... ¿o aborto en vida?

EL PAÍS, 13 de octubre de 2008

Con noticias como ésta uno llega a no saber dónde están los límites entre la eutanasia y el aborto. He aquí un padre que desea ver a su hija muerta antes que en estado vegetativo. Está claro que la chica no sufre debido a que subsiste en un profundo coma. Entonces, ¿a qué tanto interés en matarla? ¿Es que no hay gente que ha vuelto del coma después de meses o años? Y aunque no haya ninguna posibilidad médica de que vuelva (y en esto los médicos se equivocan mucho), ¿porqué tanta prisa?. ¿Hay algún seguro de vida que cobrar?.

El padre alega que ya lo hablaron cuando ella estaba viva. Pero no parece suficiente argumento cuando de una vida humana se trata. Supongo que por eso la justicia italiana le está dando tantas vueltas. Yo creo que en estos casos debería haber algún documento claro firmado por la persona interesada expresando claramente en qué circunstancias habría que "desconectarla" para dejarla morir. ¿A partir de qué momento? He ahí el problema. ¿Cuando lleve 3 meses en coma? ¿3 años? ¿30 años?. ¿Y si la desconectamos a los 3 años y resulta que habría retornado a la consciencia a los 3 años y una semana?

No me parece que las cosas sean tan sencillas como las presenta el padre. ¿Porqué tiene tanto interés en matar a su propia hija? ¿Acaso no parece el "aborto" de un adulto, en vez del de un no nacido? ¿No es igual de grave, puesto que la hija no puede defenderse?