El Correo de Burgos, 12-VIII-2009
Hipocresía... ¿no estamos ya hartos de ella? ¿Qué herencia vamos a dejar en el corazón de nuestros hijos? Los niños son -quizá- lo único bueno que le queda a la Humanidad: no acabemos también con ellos.
Yo me pregunto a veces si en el avanzado Occidente (Europa y EE.UU, principalmente) no habremos iniciado la decadencia, el declive de la civilización, si no estaremos abocados a ideologías totalitarias que “pongan orden” en el caos al que nos dirigimos por culpa de la extensión del relativismo. (Miremos la Historia y aprendamos de otras civilizaciones que nos precedieron y cayeron, creyéndose ellos mismos que durarían para siempre).
Esas ideologías totalitarias no tienen porqué ser de carácter nazi o comunista (aunque pueden serlo), pues no olvidemos que a las puertas tenemos el Islam, una religión con ambiciones de gobernar políticamente el mundo. Sus normas son primitivas, pero a la vez son “normas fuertes”, que ponen orden en medio de una sociedad relativizada, y eso le hace ganar adeptos, que se ven justificados al imponerla a otros aunque sea a través de guerras o de terrorismo.
Una crisis económica aguda como la actual, u otro tipo de hecatombe (cambio climático, epidemias, etc.), podrían abrir las voluntades a una ideología de pocas premisas pero con fuerte impacto en el comportamiento personal (aunque sea de forma fingida), a través de “normas fuertes”, como puede ser cualquier ideología totalitaria. Por ejemplo, la adhesión cerrada al Islam de muchos musulmanes admira a muchos y convence a otros tantos a abrazar dicha doctrina. (Por otro lado, la llegada indiscriminada de musulmanes a Europa está haciendo renacer movimientos neo-nazis que también se apoyan en unos pocos postulados y en unas pocas “normas fuertes”, en contraposición a las “normas débiles” que se cuelan en la legislación de Europa. Y estos movimientos también están creciendo).
Volviendo al principio, mencioné la palabra “decadencia”. Para mí, la decadencia comienza con el relativismo moral; de éste, se pasa a la relajación de las costumbres y, de esta relajación, a un egoísmo socialmente aceptado: cada uno mira ya sólo por su bienestar. Esto conduce a personas insolidarias y, en último extremo, a aceptar ampliamente y legalizar conductas como el aborto, la eutanasia y la eugenesia. De aquí, a delatar al vecino (que cuestiona la doctrina oficial), sólo hay un paso. Y la delación es el oxígeno del totalitarismo. Si una sociedad aguantara mayoritariamente la presión mafiosa o para-policial (a veces tortura) y no delatara a nadie, el totalitarismo no tendría nada que hacer allí.
Pero en una sociedad de egoístas, todos quieren salvar el culo, y cualquier acto está justificado para ello: si una madre puede matar al hijo de su vientre para librarse de un embarazo, cualquier otro acto estará más que justificado, y los demás seguirán el mismo camino, cada uno según su necesidad para salvar su vida, aunque sea acusando falsamente al vecino, al amigo, al jefe, a la esposa. Es el caldo de cultivo de cualquier doctrina totalitaria. (Estos comportamientos de delación han sido frecuentes en las guerras balcánicas, hace pocos años, en el corazón de Europa. Así que no estamos tan lejos de ellos).
Si, debido a ese egoísmo, no hay una sociedad civil fuerte que proteja la vida humana incluso con heroismo, cualquier ideología totalitaria tiene el campo abierto para implantarse, a través de las urnas en un primer estadio, y acorralando, encarcelando y eliminando a los adversarios en momentos posteriores.
Y hoy día, nuestras leyes y nuestra Europa no están protegiendo la vida humana, y mucho menos con heroísmo.
Una sociedad de egoístas no tiene recursos morales para hacer frente a cualquier poder que se le imponga por las armas. Eso es lo que, en mi opinión, ocurrió en la Alemania pre-nazi. La 1ª Guerra Mundial arrancó muchas convicciones morales que podrían haber servido de freno al nacionalsocialismo. Y puede volver a pasar en algún momento y lugar del Occidente democrático. Sólo falta la chispa.
Dieciséis muertos en el ataque de un joven en un colegio alemán
Un adolescente de 17 años vestido con un traje de combate negro disparó sin control el miércoles en una escuela en la cual había estudiado, dejando 15 personas muertas antes de fallecer durante un enfrentamiento a tiros con la policía. (...)(...) Fue el más reciente tiroteo que ha estremecido a Alemania en los últimos años, donde ha habido varios incidentes parecidos en escuelas.
El tiroteo del miércoles siguió a otro en Estados Unidos el martes, en el cual un hombre armado disparó y mató a 10 personas para luego suicidarse en el sur de Alabama.
El misionero Aldo Trento ha devuelto el título de Caballero de la Orden de la Estrella de la Solidaridad al presidente de la República italiana Giorgio Napolitano por considerar no puede recibir “semejante honor” cuando Napolitano “permite la muerte de Eluana, en nombre de la República italiana”. Aldo Trento es sacerdote desde 1989 y un misionero reconocido de la Fraternidad de San Carlos Borromeo en Paraguay
El sacerdote responsable de una clínica de enfermos terminales en Asunción ha aclarado que ha devuelto el reconocimiento por negarse Napolitano a firmar el decreto que habría detenido la muerte de Eluana.
Trento ha explicado que en su clínica tiene “más de un caso como el de Eluana Englaro” y que ha llevado al cementerio “a más de seiscientos de estos enfermos”. Asimismo se ha preguntado: “¿cómo se puede aceptar semejante operación como la que se hizo a Eluana?”.
Dedicación y humildad
El sacerdote ha explicado casos concretos como el de Celeste: “Tiene once años, sufre una leucemia gravísima, no había sido nunca tratada, me la han traído sólo para enterrarla. Hoy Celeste camina. Y sonríe”. También ha hablado de Cristina: “una niña abandonada en un basurero, es ciega, sorda, tiembla cuando la beso, vive con una sonda como Eluana. No reacciona, tiembla y basta, pero poco a poco recupera las facultades”, añade.
Además el misionero ha destacado el trabajo de sus médicos explicando que no le importa la piel “putrefacta” de los enfermos y ha añadido: “tendría que ver con qué humildad les curan mis médicos”. Para Trento “el hombre no se puede reducir a una cuestión química”.
Finalmente el sacerdote ha explicado que no entiende “cómo puede el presidente de la República ofrecerme una estrella a la solidaridad en el mundo”, por lo que “he cogido la estrella y la he llevado a la embajada italiana en Paraguay.
Publicado en Forum Libertas
Con noticias como ésta uno llega a no saber dónde están los límites entre la eutanasia y el aborto. He aquí un padre que desea ver a su hija muerta antes que en estado vegetativo. Está claro que la chica no sufre debido a que subsiste en un profundo coma. Entonces, ¿a qué tanto interés en matarla? ¿Es que no hay gente que ha vuelto del coma después de meses o años? Y aunque no haya ninguna posibilidad médica de que vuelva (y en esto los médicos se equivocan mucho), ¿porqué tanta prisa?. ¿Hay algún seguro de vida que cobrar?.