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sábado, 19 de diciembre de 2009

«Chantaje en Vigo» de A. Pz. Reverte

Para tenerlo más a mano, he aquí el texto de Arturo Pérez Reverte al que me referí en mi publicado anterior:

CHANTAJE EN VIGO

Vigo. O sea, Galicia. España. Estado moderno –dicho sea lo de Estado con las cautelas oportunas–. Democracia constitucional con supuestos derechos y libertades de cada cual. En mi casa mando yo, resumiendo. Y mi amigo Manolo, que es un ingenuo y se lo cree, necesita cubrir un puesto de auditor. Es una oferta seria y bien remunerada. Así que publica un anuncio en la prensa local: «Se necesita auditor para empresa solvente». Y empieza el circo.

La cosa se encarna en inspectora de Trabajo y Asuntos Sociales, con todas sus letras. Hola, buenas, dice la pava. ¿Cómo es que solicitan ustedes un auditor, y no un auditor o una auditora? Mi amigo, que es hombre culto, conoce las normas de la Real Academia en particular y de la lengua española en general, y no trinca de la corrección política ni de la gilipollez pública, como otros, argumenta que auditor es masculino genérico, y que su uso con carácter neutro engloba el masculino y el femenino desde Cervantes a Vargas Llosa, más o menos. No añade, porque es chico educado y tampoco quiere broncas, que no es asunto suyo, ni de su empresa, que una pandilla de feminazis oportunistas, crecidas por el silencio de los borregos, la ignorancia nacional y la complicidad de una clase política prevaricadora y analfabeta, necesite justificar su negocio de subvenciones e influencias elevando la estupidez a la categoría de norma, y violentando a su conveniencia la lógica natural de un idioma que, aparte de ellas, hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo. Olvidando, de paso, que la norma no se impone por decreto, sino que son el uso y la sabiduría de la propia lengua hablada y escrita los que crean esa norma; y que las academias, diccionarios, gramáticas y ortografías se limitan a registrar el hecho lingüístico, a fijarlo y a limpiarlo para su común conocimiento y mayor eficacia. Porque no es que, como afirman algunos tontos, las academias sean lentas y vayan detrás de la lengua de la calle. Es que su misión es precisamente ésa: ir detrás, recogiendo la ropa tirada por el suelo, haciendo inventario de ésta y ordenando los armarios.

Pero volvamos a Vigo. A los pocos días de la visita de la inspectora mentada, Manolo recibe un oficio, o diligencia, donde «se requiere a la empresa la subsanación de las ofertas vigentes y la realización de las futuras o bien en términos neutros, o bien referida simultáneamente a trabajadores de ambos sexos». Dicho en corto –aparte la ausencia de coma tras futuras y la falta de concordancia de referida–: o en el futuro pide auditor o auditora, con tres palabras en vez de una, en anuncios que se cobran precisamente por palabras, o deberá atenerse a las consecuencias. Y a mi amigo, claro, se lo llevan los diablos. «O es un chantaje feminista más –se lamenta–, o mi anuncio despista de verdad, y algunas mujeres ignorantes o estúpidas creen que no pueden optar a ese puesto de trabajo. Lo que sería aún más grave. Si lo que tanta idiotez de género ha conseguido es que, al final, una mujer crea que ofrecer un trabajo de auditor es sólo para hombres y no para ella, todo esto es una puñetera mierda.» Etcétera.

El caso es que, resuelto a defender su derecho de anunciarse en correcto castellano, Manolo se pone en contacto con los servicios jurídicos del Ministerio de Igualdad, donde una abogada razonable, competente y muy amable –lo hago constar para los efectos oportunos–, le dice que, con la ley de Igualdad en la mano, la inspectora de Vigo «puede haber creído detectar» discriminación en el anuncio, y que la empresa se expone a una sanción futura si no rectifica. «¿Entonces, la legalidad o ilegalidad de mi anuncio depende de la opinión particular de cualquier funcionario que lo lea, por encima de la Real Academia Española?», pregunta Manolo. «Más o menos», responde la abogada. «¿Y qué pasaría si yo recurriese legalmente, respaldado por informes periciales de lingüistas o académicos?», insiste mi amigo. «Pasaría –es la respuesta– que tal vez ganase usted. Pero eso dependería del juez.»

Es inútil añadir que, ante la perspectiva de un procedimiento judicial de incierto resultado, que iba a costarle más que las dos palabras suplementarias del anuncio, Manolo ha cedido al chantaje, y lo de auditor a secas se lo ha comido con patatas. «Auditor, auditora y auditoro con miembros y miembras», creo que pone ahora. Con mayúsculas. Tampoco está el patio para defensas numantinas. Esto es España, líder de Europa y pasmo de Occidente: el continuo disparate donde la razón vive indefensa y cualquier imbecilidad tiene su asiento. Como dice el pobre Manolo, «lo mismo voy a juicio, colega, me toca una juez feminista y encima me jode vivo». Intento consolarlo diciéndole que peor habría sido, en vez de auditor, necesitar otra cosa. Un albañil, por ejemplo. O albañila.

La policía del lenguaje políticamente correcto

He leído este artículo en El Semanal y recomiendo encarecidamente su lectura. Y no es que Reverte sea santo de mi devoción, no, que he estado años sin leerle porque me parecía que no era necesario un lenguaje tan soez para decir lo que tuviera a bien decir. El caso es que últimamente estoy volviendo a leerle, porque dice verdades como puños y creo, sinceramente, que ha moderado su lenguaje en lo que a palabras malsonantes se refiere. Y es que no las necesita. Su calidad literaria es eminente (según dicen) y los temas que toca tienen mondongo, así que no hace falta el vocabulario grosero para sacar los colores a cualquiera, y aunque esos cualquieras sean sobre todo políticos, que no les salen los colores ni aunque maten a su madre ellos mismos.

De aquí en adelante, supongo que mi sufrido lector habrá leído el artículo mencionado.

Pues bien, si yo fuera el atribulado empresario que es reconvenido por esa funcionaria, una vez tenido claro que ella no va a dar su brazo a torcer, creo que lo procedente sería pedirle que se identifique claramente (nombre y apellidos, cargo, etc.) así como a su jefe directo. A continuación le diría a la señora que, si tengo que poner el anuncio como ella me pide, pondré un texto debajo explicando cómo la Administración -mencionando el nombre de ella y el de su jefe, como autores materiales del hecho- me está extorsionando por razones ideológicas. Y si tengo que llegar a un juez porque me siguen persiguiendo, llegaré hasta él para decirle que lo he hecho en uso de la libertad de expresión, y que los actos de la Administración son públicos y que los funcionarios que los realizan tienen que ser responsables de que tales actos se ajustan a la Ley, por lo que no hay razón para ocultar la identidad de dichos funcionarios, que también deben estar sometidos al conocimiento y escrutinio público de sus actos. Y que, si tengo que ir a lo Contencioso-administrativo, también acudiré a la via penal contra ella y contra su jefe (por si éste tuviera alguna responsabilidad en la actuación de ella) por acoso a un ciudadano con abuso de poder. (Añado aquí que yo también seré algo ingenuo, pero la verdad es que creo que no hay tantas jueces -mujeres- feministas y creo que me tocaría una mujer sensata que valoraría correctamente mis argumentos, a diferencia de lo que parece pensar el empresario del que estamos hablando).

Porque la Administración tiene que estar al servicio del ciudadano, facilitarle las cosas, no complicárselas, y mucho menos desatar una persecución contra ciudadanos concretos por motivos puramente ideológicos (el feminismo no es más que una ideología totalitaria que se ha infiltrado en nuestras instituciones). Algo parecido está pasando en Cataluña con la exigencia a los empresarios de que usen exclusivamente el catalán en los letreros de sus empresas. ¿Qué es esto? ¿La Administración persiguiendo al ciudadano, que además la mantiene con sus impuestos? ¿Se están cumpliendo los peores presagios de la novela «1984»? (Es curioso que en esa novela aparezca el Ministerio de la Verdad, y aquí estemos sufriendo igualmente un terrorífico Ministerio de Igualdad. También predice los conceptos de neolengua, reescribir la historia, educación totalitaria, lavado de cerebro, etc. que están aplicando ZP y sus adláteres con bastante éxito).

¿No es increíble que la Administración pague a personas para revisar los anuncios de la prensa escrita a ver si son políticamente correctos? ¿En eso se gastan nuestros impuestos? ¿No hay cosas más importantes que hacer, más útiles para el ciudadano, más necesarias para todos? Desde luego, si vuelven a salir elegidos estos impresentables (los otros no me gustan tampoco pero son la alternativa), habrá que pensarse lo de marcharse de este país.

Si yo fuera ese empresario y finalmente cediera a publicar el mismo anuncio (u otro distinto) pero ya corregido al "estilo del talante", aprovecharía para desahogarme y poner, al pie del anuncio, además de lo dicho anteriormente, un mensaje personal para ZP:
«¡¡Zapatero, límpiate el culo con la p.... Ley de Igualdad!!!!!!!!!!»
Esto no es nada, comparado con las viñetas que se publicaron en El Jueves de los príncipes en un acto íntimo... ¿verdad, señor juez?.

Además añadiría algún texto explicando que, a partir de ahora, miraría de otra forma a las mujeres, y no precisamente «mejor». «Si usted (funcionaria) me exije que ponga "Auditor o auditora", ¿cree que luego voy a contratar a una auditora-mujer-mujer? ¡Que no, oiga, que voy a contratar a un hombre aunque sea el único y más caro de todas las ofertas que reciba...!!! ¿Pero no se dan cuenta de que están consiguiendo lo contrario de lo que se proponen??? ¡¡Ande, y que les den...!!».

Es curioso cómo este ZP, que presumía de aumentar las libertades, constantemente está recortando estas.

Recientemente, un conocido se quejaba de que ya no iban a poder fumar ni en los bares (futura ley sobre el tabaco en lugares públicos).

Hoy leo que en Cataluña, otra vez, gobernada por los socialistas, se están dando pasos para prohibir las corridas de toros.

Y no guardo memoria de cuántas cosas van ya...

(Yo, ni fumo ni me gustan lo toros. Pero detecto que ese tipo de cortapisas, aunque parecen pequeñas limitaciones, es lo que está cabreando a la gente).

Y así contínuamente: no saben impulsar nada positivo, sólo prohibir. (También en mi ciudad, que gobierna el PP, quieren prohibir que se escupa en las calles o que la gente pueda ofrecer libremente servicios en la calle a los transeúntes. ¿Acabaremos sin poder tirarnos pedos ni eructos? Mucho me temo que sí. En esta sociedad de lo políticamente correcto se puede asesinar a un bebé en la tripa de su mamá, pero no se puede escupir en un jardín. Así nos va.)

Creo que esta asfixia que se está ejerciendo sobre los ciudadanos -cada vez más leyes estúpidas, cada vez más exigencia de cumplimientos inútiles, cada vez más impuestos, etc.- es lo que va a desalojar más pronto que tarde al PSOE fuera del poder. A no ser que consigan engañar otra vez al rebaño con el truco de los 400 euros... «Ahora te los doy... ahora te los quito...».

Y, además, son leyes que parecen tener el único efecto de dividir a la ciudadanía: los catalanes, gallegos y vascos contra el resto de España, a las mujeres contra los hombres, los niños contra sus padres, los padres contra los colegios, etc.

jueves, 11 de junio de 2009

Sí, es indecente...

Me ha llegado el siguiente mensaje por email:

SI, ES INDECENTE

Ha dicho la Presidenta de la Comunidad de Madrid que es
indecente que mientras la inflación es -1%, los funcionarios además de
tener plaza fija, tengan una subida salarial del 5% (gran mentira por
cierto). Objetivo: congelarles el sueldo.

Me gustaría transmitirle a esta Sra. lo que considero
indecente. Indecente , es que el salario mínimo de un trabajador sea de
624 €/mes y el de un diputado 3.996 pudiendo llegar con dietas y otras
prebendas a 6.500 €/mes. Indecente , es que un catedrático de universidad
o un cirujano de la sanidad pública ganen menos que el concejal de
festejos de un ayuntamiento de tercera. Indecente es que los políticos
se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (por
unanimidad y al inicio de la legislatura) . Indecente es comparar la
jubilación de un diputado y el de una viuda. Indecente , es que un
ciudadano tenga que cotizar 35 años para percibir una jubilación y a los
diputados les baste con siete, y los miembros del gobierno para cobrar la
pensión máxima solo necesiten jurar el cargo. Indecente es que los
diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están
exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF. Indecente es
colocar en la administració n miles de asesores y amigotes con sueldos que
ya desearían los técnicos más cualificados. Indecente es el millonario
gasto en mediocres TV autonómicas creadas al servicio de la pervivencia en
el trono de políticos más mediocres aún. Indecente es el ingente dinero
destinado a sostener los partidos aprobado por los mismos políticos que
viven de ellos. Indecente es que a un político no se le exija superar una
mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (y no digamos intelectual
o cultural). Indecente es el coste que representan a los ciudadanos sus
comidas, coches oficiales, chóferes, viajes siempre en gran clase y
tarjetas de crédito por doquier. Indecente es que sus señorías cuando
cesan en el cargo tengan un colchón del 80% del sueldo durante 18 meses.
Indecente es que ex ministros, ex secretarios de estado y altos cargos de
la política regional cuando cesan son los únicos ciudadanos de este país
que pueden legalmente percibir dos salarios del erario público. Indecente
es que se utilice a los medios de comunicación para transmitir a la
sociedad que los funcionarios solo representan un coste para el bolsillo
de los ciudadanos. Indecente es que nos oculten sus privilegios mientras
vuelven a la sociedad contra quienes de verdad les sirven, mientras hablan
de política social y derechos sociales ¡¡qué indecente!!.

José Miguel Gómez Villanueva D.N.I. 13.711.989-X María Angeles Buenaposada
Cano 13756988K. A los que suman cientos de firmas más.

viernes, 3 de octubre de 2008

TVE no ejerce de servicio público

ABC, 2 de octubre de 2008:

Uteca denuncia que el 40% de la parrilla de TVE no es de servicio público


SARA CAMPELO

MADRID. El 42,6 por ciento de los contenidos de laprogramación de TVE-1 y el 31,6 por ciento de La 2 no cumplen la obligación de servicio público, según un estudio realizado por varias universidades. Comandado por el catedrático de la Universidad CEU San Pablo, Luis Núñez Ladevéze, y encargado por la Unión de Televisiones Comerciales Asociadas (Uteca), el informe ha analizado 4.812 programas de TVE de las temporadas comprendidas entre 2005 y 2008. Las conclusiones ponen de relieve que, si en la banda de tarde casi la mitad de los contenidos no satisfacen la misión de servicio público, en el «prime time» el incumplimiento se eleva hasta el 75%.

Según explicó durante la presentación del estudio el secretario general de Uteca, Jorge del Corral, los criterios que para determinar qué es servicio público son obvios: «Apoyo al cine y la industria audiovisual nacional, la atención a los discapacitados y que no primen los criterios comerciales a la hora de ubicar los programas en las rejillas».

Así, según el estudio, sólo uno de cada cuatro espacios de ficcón es de producción española, mientras que más del 60% de los mismos son de producción de un país no perteneciente a la Unión Europea. Con relación a la atención que TVE presta a las minorías con problemas físicos, casi el 63% no cuenta con subtitulación o autodescripción, mientras que el 37% posee alguna de estas dos modalidades y ninguna tiene las dos, por lo que ningún espacio emitido por TVE es accesible al mismo tiempo para ciegos y sordos. «Este informe es fruto de un buen trabajo que las privadas brindan a TVE y a la clase política para acabar con esta situación insostenible», explicó Alejandro Echevarría, presidente de Uteca y de Telecinco.

Respuesta de TVE
Por su parte, TVE emitió ayer un comunicado de respuesta a las cadenas comerciales en el que acusa a Uteca de «mentir, falsear sus propios datos y eludir responsabilidades: sólo pretende presionar al Gobierno para acabar con la TV pública y aumentar sus beneficios». La cadena explica que es líder en horas emitidas de subtitulado (con un 42% del total emitido por todas las televisiones en España). «Además -prosigue la nota de TVE- Uteca oculta en su propio informe un dato revelador: que sólo el 4,4 por ciento de la emisión de nuestras cadenas sería desaconsejable».

Yo también pienso como estos de UTECA. Creo que los contenidos deberían ser informativos y culturales sobre todo, aunque pueda haber espacios para una sana diversión que sirvan a toda la familia.

No obstante, no ignoro que Vocento, grupo al que pertenece ABC, es partícipe de La Sexta cadena, así que esta noticia es -en parte- interesada. No está mal que hayan publicado también la respuesta de TVE.

También creo que TVE no debería competir por la audiencia ni por la publicidad. ¿Cómo financiarse? No sé, pero tampoco me gusta la idea de que sean los Presupuestos los que enjuaguen sus deudas. Para empezar, tendría que ser mucho más austera de lo que es actualmente. Creo que hay muchos posibles periodistas (algunos en el paro) que podrían hacer excelentes trabajos sin cobrar sueldos "de estrellas". No necesitamos líderes mediáticos (y proclives a la manipulación del televidente) sino profesionales que hagan bien su trabajo. Lo mismo es aplicable a los contratos para la producción de programas, etc. No siempre los más caros son los mejores.

Por otro lado, creo que con Internet, la televisión tradicional tiene los días contados. Las cadenas del futuro emitirán a través de Internet y podremos acceder a miles de canales en todo el mundo. Además, con la TV digital se va a fragmentar mucho más el mercado (más canales) así que los índices de audiencia van a caer en picado. ¿De dónde saldrá tanta publicidad para todos esos canales? Puede que sea el principio del fin.