Mostrando entradas con la etiqueta guerra civil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra civil. Mostrar todas las entradas

lunes, 5 de mayo de 2014

Entrevista a José María Gironella

Con motivo de haber leído la segunda parte (la 1ª parte no la he leído) de «Los cipreses creen en Dios» de José María Gironella, he buscado en internet alguna información más sobre este libro y este autor, habiendo resultado la búsqueda en el hallazgo de esta entrevista que copio y pego a continuación.

Me llama mucho la atención, y por eso copio-pego la entrevista en mi blog, lo que dice sobre la clase media española.

Llevo ya unos meses pensando sobre cómo el poder político-financiero-económico, con la ayuda de los medios de comunicación, se está cargando lo que queda de clase media en España. Y esto puede llevar a una situación de tensión de ricos-contra-pobres que desemboque en una nueva guerra civil.  ¿Soy guerracivilista por decir esto? Espero que no. Pero creo que no debemos olvidar la historia o estaremos condenados a repetirla.

También me parece muy interesante lo que dice sobre el catalanismo, ahora que Artur Mas ha lanzado un órdago al gobierno central con el objetivo de realizar un referendum secesionista.


--------------------------------------------
Fuente: www.faq-mac.com

José María Gironella

30/12/2010 por Administrador
  |   
En Diciembre de 1994 tuve el placer de entrevistar a D. José María Gironella para una revista cultural. Con motivo de su fallecimiento (a los 85 años recién cumplidos), me permito recuperar aquella entrevista, realizada al hilo de la publicación de su libro "Nuevos 100 españoles y Dios", como homenaje póstumo. Evidentemente la entrevista es hija de su época y comentamos temas que ahora no tienen tanta vigencia... o sí. D.E.P.

Diciembre 1994.

Publicado en las últimas semanas, el nuevo libro de José María Gironella es un estudio a varios niveles de la España actual visto desde la faceta que más brutalmente ha evolucionado desde los tiempos de la dictadura de Franco: la religión de los españoles.

Desde sus páginas podremos conocer, no sólo el estado de la fe de los españoles, representados en 100 personajes de nuestra vida pública, sino también esa faceta íntima de cada uno de ellos, en la que nos cuentan cual es su situación personal y sus opiniones sobre la iglesia, el Papa, las sectas, el pecado y, por supuesto, Dios.

gironella.jpg

Entrevistamos al señor Gironella en su casa, casi al asalto y sin previo aviso, le sometemos a un interrogatorio que se extenderá casi cuarenta y cinco minutos.

Muy amable y bien dispuesto, nos confiesa que tanto su mujer, Magdalena, que acaba de sufrir una peligrosa operación de rodilla, como él, se encuentran en un momento optimista, viviendo lo que él mismo califica de una "tercera juventud" (¡a sus setenta y siete años!).


-Después de muchos años, publicó una cuarta parte (Los hombres lloran solos) de su (hasta entonces) trilogía más conocida: Los cipreses creen en Dios, y ahora publica una segunda parte de otro libro anterior suyo (100 españoles y Dios) ¿está el Gironella escritor cerrando etapas?

-No. Después del esfuerzo de "Los hombres lloran solos" me apetecía cambiar de tema y escribir sobre otras cosas. Sin embargo, he de volver sobre lo que es mi "obra definitiva" (Los cipreses...), que se completará con el quinto y el sexto tomo. Ya tengo mucha documentación, pero hay que redactarlo y terminará en 1975, con la muerte de Franco. Serán una especie de Episodios Nacionales, pero a mi modo, desde una perspectiva global.

-El planteamiento del libro es de periodismo puro, simplemente preguntas y respuestas, ¿cómo seleccionó a sus protagonistas?

-El trabajo se ha alargado durante cinco meses y me ha dejado exahusto, pues muchas personas se inhibían de contestar a mis preguntas. Yo remitía el cuestionario con una carta personal mía en la que le indicaba el por qué de ser "elegido" (por algo que había dicho, por su trayectoria personal,...).
Lo bonito del libro es que gente que se declara atea, al tenerlo que razonar, se quedan en blanco, y se convierten en vacilantes. Y otros, que se suponían creyentes a rajatabla, al enfrentarse con el misterio del más allá, han descubierto sus dudas.

-En un corto espacio de tiempo le encontramos en dos libros de temática similar. Uno, el suyo propio; otro, como entrevistado, en el libro de D. José Luis Olaizola. En este último, usted se manifiesta en un estado dubitativo con respecto a la fe. ¿No es paradójico que una persona que duda sea el encargado de, a su vez, preguntar a otros por su fe?

-No. El fundamento, que además es común a todas las religiones, de que existe un Ser Supremo, siempre lo he tenido claro. Es el concepto de pertenecer a una única iglesia, poseedora de la única y gran verdad, lo que se está desmoronando.

-¿Cómo vive usted, desde su perspectiva dominante de la historia reciente de España, nuestra situación actual?

-Pues mire, como conocí a los socialistas antes de la guerra (Largo Caballero, etc.), cuando ganaron en el 82, yo preví la gran catástrofe porque les conozco. Y, desde mi punto de vista, el tiempo me ha dado la razón.
La situación actual se parece a la del año 1934 y 1935 que yo describo en "Los cipreses creen en Dios", salvo en que ahora hay una clase media que impide que la crispación llegue a más, actuando como colchón entre patrones y obreros, e impidiendo la guerra civil.

-¿Qué siente cuando escucha la palabra "catalán" y "catalanista" como arma arrojadiza?

-Pues siento mucha preocupación, porque se están radicalizando de una forma tan seria, tan grave... Es un error histórico monumental de Jordi Pujol y Convergencia, a los que yo votaba al principio. Se han entregado al PSOE. Sin ellos el PSOE ya no mandaría. Cederles los diez escaños para que gobiernen con mayoría absoluta ha sido, a mi entender, una especie de traición.
Y luego, acerca del idioma, se están radicalizando de un modo que no tiene sentido. Si usted viera, en las escuelas están siempre con el catalán. El castellano es casi una ofensa. Y cualquier cosa que se diga contra el Barça es un ataque a Cataluña. Y ya no digamos si se dice que Jordi Pujol es bajito. Siempre es un ataque a Cataluña.

-¿Usted siempre escribe en castellano?

-Siempre. Cuando yo comencé a escribir, en el año 46 (que gané el premio Nadal) el catalán estaba prohibido; entonces lo escribí en castellano porque en las bases del premio Nadal ponía "entregar originales en castellano". En mi segunda novela (La marea), ocurrió igual.
Me fui a París a escribir "Los cipreses creen en Dios" y el catalán impreso seguia prohibido. Me enamoré del castellano, y lejos de superarlo, mi amor va en aumento, pues es un idioma prodigioso.
Alguna vez he cometido la "torpeza" de decir en público que quería tocar el piano. Encontré un piano de cien teclas, que es el castellano, y otro de ochenta, que es el catalán. Yo escogí el piano de cien teclas, y el otro piano ya no lo toco más.

-¿Qué hay de cierto en todas esas noticias que nos cuentan los medios de comunicación sobre lo que ocurre en Cataluña?

-A veces el ABC exagera y pone cosas que no son verdad. Yo he escrito varias veces al señor Ansón para decirle que tenga cuidado, porque si pone cosas que no son verdad, pierde la autoridad moral para denunciar las que son ciertas, sobre todo en cuestiones del idioma.
No hay ninguna necesidad de exagerar, sólo con decir la verdad basta.

-Volviendo a su libro 100 Nuevos españoles y Dios ¿Usted respondería a su propio cuestionario en público?

-Pues mire, yo creo que a lo largo de mi obra he ido respondiendo largamente a todas estas preguntas, pues ha sido un tema recurrente en mis libros. Si usted lee "Carta a mi madre muerta", "La duda inquietante", o "El escándalo de Tierra Santa", podrá encontrar mis opiniones al respecto.
No obstante, si Dios me da fuerzas para escribir algo más (después de los volúmenes sobre la postguerra), si que lo haré; escribiré una especie de testamento espiritual.

-Sin embargo, tiene que ser muy satisfactorio saber que ha dejado libros de vigencia permanente para la posteridad.

-Dios lo quiera. Sin embargo, estoy viendo que a gente mucho más importante que yo, por ejemplo de la Generación del 98 (Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, etc.) los jóvenes no les han oído nombrar nunca.

De Marañón casi todos dicen que fue un futbolista. Los únicos que se sostienen un poco son Pio Baroja y Galdós, pero de los demás no se acuerda nadie. Y no digamos de gente como Alvaro Cunqueiro, o González Ruano. ¿Por qué esos han desaparecido y yo voy a permanecer? Una fotografía en las enciclopedias y poco más, supongo.

-¿Cuando tiene usted planeado publicar esa quinta parte de "Los cipreses creen en Dios"?

-La quinta parte espero que se publique dentro de un par de años, y luego la sexta dependerá de mis fuerzas. Antes trabajaba hasta diez horas al día, pero ahora me canso mucho, y sólo puedo trabajar cuatro, aunque ese tiempo, bien aprovechado, cunde mucho.

domingo, 13 de enero de 2013

Mossos d'Esquadra y memoria histórica

Me ha llegado esto por correo electrónico y paso a publicarlo por parecerme verídico.

-----------------------------------------------------

MEMORIA HISTÓRICA

"En 1934, la Guardia Civil se hizo cargo de la detención y custodia de los Mossos d´Esquadra"

Hace unos días, el consejero de Interior en funciones de la Generalidad catalana, Felip Puig (CiU), exhortó a los policías de los Mossos d’Esquadra a que, en caso de que la Generalidad decida saltarse la ley, en referencia a una hipotética secesión unilateral, este cuerpo apoyara sus demandas y se situara al lado del Gobierno autonómico.
Al hilo de esta noticia, un lector ha realizado un brillante ejercicio de memoria histórica y nos ha enviado la fotografía adjunta con el siguiente comentario:

"Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla. En 1934, la Generalitat proclamó unilateralmente la República Catalana. Entonces, el presidente de la República era Niceto Alcalá-Zamora y Torres y el presidente de gobierno Alejandro Larroux, proclamaron el Estado de Guerra y ordenaran la detención en pleno del gobierno de Cataluña. La Guardia Civil se hizo cargo de la detención y custodia de los Mossos d´Esquadra".



En su libro "El Mundo a los Ochenta Años. Parte II", editado en Madrid también en 1934, el Premio Nobel de Medicina Santiago Ramón y Cajal también escribía un artículo sobre esta cuestión que, igualmente, podría haberse firmado hoy. Publicamos íntegramente su texto.


"No me explico esta desafección a España de vascos y catalanes"  

Santiago Ramón y Cajal 

Deprime y entristece el ánimo, el considerar la ingratitud de los vascos, cuya gran mayoría desea separarse de la Patria común. Hasta en la noble Navarra existe un partido separatista o nacionalista, robusto y bien organizado, junto con el Tradicionalista que enarbola todavía la vieja bandera de Dios, Patria y Rey.

En la Facultad de Medicina de Barcelona, todos los profesores, menos dos, son catalanes nacionalistas; por donde se explica la emigración de catedráticos y de estudiantes, que no llega hoy, según mis informes, al tercio de los matriculados en años anteriores. Casi todos los maestros dan la enseñanza en catalán con acuerdo y consejo tácitos del consabido Patronato, empeñado en catalanizar a todo trance una institución costeada por el Estado.

A guisa de explicaciones del desvío actual de las regiones periféricas, se han imaginado varias hipótesis, algunas con ínfulas filosóficas. No nos hagamos ilusiones. La causa real carece de idealidad y es puramente económica. El movimiento desintegrador surgió en 1900, y tuvo por causa principal, aunque no exclusiva, con relación a Cataluña, la pérdida irreparable del espléndido mercado colonial. En cuanto a los vascos, proceden por imitación gregaria. Resignémonos los idealistas impenitentes a soslayar raíces raciales o incompatibilidades ideológicas profundas, para contraernos a motivos prosaicos y circunstanciales.

¡Pobre Madrid, la supuesta aborrecida sede del imperialismo castellano! ¡Y pobre Castilla, la eterna abandonada por reyes y gobiernos! Ella, despojada primeramente de sus libertades, bajo el odioso despotismo de Carlos V, ayudado por los vascos, sufre ahora la amargura de ver cómo las provincias más vivas, mimadas y privilegiadas por el Estado, le echan en cara su centralismo avasallador.

No me explico este desafecto a España de Cataluña y Vasconia. Si recordaran la Historia y juzgaran imparcialmente a los castellanos, caerían en la cuenta de que su despego carece de fundamento moral, ni cabe explicarlo por móviles utilitarios. A este respecto, la amnesia de los vizcaitarras es algo incomprensible. Los cacareados Fueros, cuyo fundamento histórico es harto problemático, fueron ratificados por Carlos V en pago de la ayuda que le habían prestado los vizcaínos en Villalar, ¡estrangulando las libertades castellanas! ¡Cuánta ingratitud tendenciosa alberga el alma primitiva y sugestionable de los secuaces del vacuo y jactancioso Sabino Arana y del descomedido hermano que lo representa!

La lista interminable de subvenciones generosamente otorgadas a las provincias vascas constituye algo indignante. Las cifras globales son aterradoras. Y todo para congraciarse con una raza (sic) que corresponde a la magnanimidad castellana (los despreciables «maketos») con la más negra ingratitud.
A pesar de todo lo dicho, esperamos que en las regiones favorecidas por los Estatutos, prevalezca el buen sentido, sin llegar a situaciones de violencia y desmembraciones fatales para todos. Estamos convencidos de la sensatez catalana, aunque no se nos oculte que en los pueblos envenenados sistemáticamente durante más de tres decenios por la pasión o prejuicios seculares, son difíciles las actitudes ecuánimes y serenas.

No soy adversario, en principio, de la concesión de privilegios regionales, pero a condición de que no rocen en lo más mínimo el sagrado principio de la Unidad Nacional. Sean autónomas las regiones, mas sin comprometer la Hacienda del Estado. Sufráguese el costo de los servicios cedidos, sin menoscabo de un excedente razonable para los inexcusables gastos de soberanía.
La sinceridad me obliga a confesar que este movimiento centrífugo es peligroso, más que en sí mismo, en relación con la especial psicología de los pueblos hispanos. Preciso es recordar –así lo proclama toda nuestra Historia– que somos incoherentes, indisciplinados, apasionadamente localistas, amén de tornadizos e imprevisores. El todo o nada es nuestra divisa. Nos falta el culto de la Patria Grande. Si España estuviera poblada de franceses e italianos, alemanes o británicos, mis alarmas por el futuro de España se disiparían. Porque estos pueblos sensatos saben sacrificar sus pequeñas querellas de campanario en aras de la concordia y del provecho común.


sábado, 7 de febrero de 2009

CONGO: La mirada de la esperanza

Artículo copiado de la revista XL SEMANAL, del número 1110, del 1 al 7 de febrero de 2009:

http://www.xlsemanal.com/web/articulo.php?id=39898&id_edicion=3867


CONGO
La mirada de la esperanza

ÁLVARO YBARRA ZAVALA
El padre Mario, rodeado de niños del centro.

En medio del fango de la guerra, las violaciones y la miseria más atroz, el centro salesiano Don Bosco ha acogido, educado, curado y alimentado a 26.000 niños. Al frente, el padre Mario, un ejemplo para aquellos que se niegan a aceptar que todo está perdido. Álvaro Ybarra Zavala ha retratado a algunas de las niñas del centro, quienes, pese a sus durísimas historias, son la prueba de que la luz puede brillar entre las tinieblas.



El mal no es ninguna abstracción. El mal existe y en algunos lugares del mundo, como en la República Democrática del Congo, tiene forma humana, porque desde Hobbes a Sartre `el lobo puede ser un lobo para el hombre´ y `el infierno son los otros´. Pero a fuerza de asomarnos a los estragos del mal, a la guerra que se ensaña como una maldición sobre uno de los países mineralmente más ricos de la Tierra, atizada por la codicia, multiplica el sufrimiento y el dolor, nos olvidamos de fijarnos en la otra mitad, en quienes se niegan a aceptar el triunfo del mal. Como una escuela de camisas blancas cuya luz brilla en medio de las tinieblas.


El centro Don Bosco Ngangi, situado en la periferia de Goma, capital de la región congoleña de Kivu Norte, junto a la frontera ruandesa, es una isla de certeza en medio del fango de la guerra, las violaciones, la miseria más atroz, los centenares de miles de desplazados. Es la prueba de que no todo está perdido, de que para atajar el mal son precisos héroes que no se dan la menor importancia, pero que no tienen pelos en la lengua, como el padre Mario Pérez Duque, salesiano, que dirige este centro escolar y asistencial, hogar de 68 antiguos niños soldado, escuela primaria, centro de formación profesional, clínica y refugio en el que, en una década, ha acogido, educado y nutrido espiritual y materialmente a 26.000 niños.


El padre Mario, venezolano, campechano, no es un diplomático, no comercia con la verdad: «La paz no se negocia. La paz hay que imponerla. Es necesaria para todos». Es su forma directa de reprocharles a las buenas potencias europeas su no querer mancharse las botas y las manos tratando de imponer la paz en el devastado Congo, donde la fuerza de paz de las Naciones Unidas parece más preocupada de protegerse a sí misma que a la población. Y en medio de esa queja, que surge neta, pero a media voz, en un alto de los muchos trabajos que mantienen vivo día a día el centro Don Bosco, un médico, Joseph, que hizo la carrera en la lejana Kinshasa, al otro extremo de un país corrupto e imposible. Acaba de atender un nuevo parto en el centro, en una clínica tan limpia que casi se podría comer en el suelo. Su comentario es más que una jaculatoria, es una constatación que es el pan de cada día para el martirio congoleño, objeto de todas las codicias: «Incluso en medio de la guerra, la vida sigue». Si esto no es un milagro, que venga Dios y lo vea.


Con respaldo de instituciones como la Agencia Española de Cooperación y Desarrollo Internacional, el Programa Mundial de Alimentos, la FAO, Unicef, Cáritas y otros donantes públicos y privados, una visita al centro Don Bosco permite recuperar la fe en la capacidad del ser humano para sacar lo mejor de sí mismo, para negar la potencia del mal. Claro que Mario Pérez y sus 20 maestros, un centenar de ayudantes, cinco salesianos y ocho voluntarios (siete italianos y uno francés) se las ven y se las desean para atender a los 500 niños que duermen en el centro, a los 3.000 niños que acuden a diario a la escuela y a comer y a las familias que acampan junto al centro (un reducto de paz), ahora multiplicados por la última sacudida de la guerra. Bajo el sol de Goma, el patio del colegio es una sucesión de hileras de camisas blancas que cantan y bailan incansables. Parece increíble la limpieza y el orden que reinan en el Don Bosco, en agudo contraste con el campo de desplazados de Kibati, que se ha instalado en las afueras de Goma.


Nzibonera Bizimana procede de la aldea de Katwigueru, a unos 90 kilómetros de Goma. Con la camisa blanca del resto de sus compañeros sobre la piedra volcánica del centro Don Bosco, mira a los ojos con una mezcla de pena y desconfianza, habla bajo y no hace alarde de nada, como si todavía escogiera las palabras, como si fueran piedras. Cree que sus padres todavía siguen en el pueblo, pero 11 de sus 12 hermanos (cinco chicos y seis chicas) han muerto a manos de los mai-mai, una de las guerrillas que aterrorizan el este del Congo, que se disputan el control de sus minas de coltán (el mineral que alimenta nuestros ordenadores y nuestros móviles) y que en teoría combate del lado del caótico Ejército congoleño.


La antigua y mal pagada tropa de Mobutu sigue siendo más amiga del saqueo y de la violación que de defender a sus conciudadanos de guerrillas como la del general tutsi Laurent Nkunda, cuyos comandantes reclutaron a Nzibonera Bizimana a la fuerza cuando tenía 13 años y la obligaron a convertirse en un soldado, a disparar y a matar, aunque no quiere hablar de ello, entrar en detalles: «He hecho mucha guerra, he participado en muchos combates». Ahora quiere ser un niño más, intentar recuperar un tiempo no sólo perdido, sino que le ha sido miserablemente extirpado. Ahora quiere estudiar, como compañeros suyos que han cambiado el fusil por las tijeras, la tiza y la máquina de coser: aprenden sastrería en uno de los preciosos talleres de corte y confección del Don Bosco.


Fundado por los salesianos en 1989 como campo de deportes y escuela de alfabetización en el barrio de Ngangi, el centro de jóvenes Don Bosco es una ciudad a escala, un microcosmos, un pequeño mundo con sus instituciones y sus reglas, donde el horario se cumple a rajatabla y la dignidad humana está fuera de toda duda, algo tan difícil de ver no sólo en el campo de desplazados de Kibati, sino en la misma ciudad de Goma, y no digamos en todos los territorios del este congoleño, un país que ya sufrió dos guerras devastadoras, entre 1996 y 1997 y entre 1998 y 2003, que causaron no menos de cuatro millones de muertos, la mayor mortandad tras la Segunda Guerra Mundial. Don Bosco es un faro y una isla que trata de evitar que el Congo vuelva a columpiarse al borde del abismo y de que sus niños empleen la mejor arma contra el mal y el fatalismo, contra tantas devastaciones: la educación.

Alfonso Armada

jueves, 20 de noviembre de 2008

Insólito desaparecido

Ahora que el juez Garzón ha vuelto a la racionalidad y se ha inhibido en el procedimiento que había iniciado contra el franquismo, so capa de abrir las fosas comunes de la Guerra Civil, me ha parecido curiosa la siguiente noticia leída en Yahoo Noticias:


Sería imposible que algo así ocurriera en España, salvo que se tratase de un niño, pues estamos hablando de que han pasado unos 70 años. El supuesto aparecido español debería tener, por tanto, unos setenta y pico años. No es imposible, pero es improbable.

martes, 28 de octubre de 2008

Carta abierta al Juez Garzón

Hoy va de cartas, por lo que parece.

Me ha parecido interesante esta carta por el testimonio que contiene: alguien que ha hecho las paces con el pasado -traumático para millones de españoles- y no quiere que ahora le resuciten viejos fantasmas que creía olvidados.

Me ha llegado por internet y no puedo dar garantía de que sea auténtica, pero lo parece.

«Madrid a veintitrés de Septiembre de dos mi ocho

Excmo. Sr. Magistrado-Juez de la Audiencia Nacional, Don Baltasar Garzón

Muy Sr. Mío y respetado magistrado:

Me llamo J.J.M.G. y soy hijo póstumo del que fuera Juez de Primera
Instancia e Instrucción de Villaviciosa de Asturias, D. J. M. de la C. Ganó la
oposición con el nº 1 en 1.934 y ese fue su segundo destino. Fue asesinado
el 31 de Octubre de 1.936.

Esto va ser difícil. Muy difícil.

Se me está obligando por presiones externas a recordar sucesos ya
dormidos. No olvidados, no. Dormidos. Serenamente dormidos y sosegados.
La decisión de abrir determinadas tumbas y fosas, está en los
medios, en la prensa, en la radio y en la televisión. Y todo promovido por un
compañero de mi difunto padre.

El Juez Salvio D., decía que para tener razón se necesitaban un
mínimo de tres circunstancias: 1º.- Tenerla, 2º.- Saberla pedir, 3º.- Que te
la quieran dar. Veremos a ver si cumplo con la segunda.

Al Juez M. de la C. le asesinaron, por ejercer su obligación
profesional, el día 31 de Octubre de 1.936. Fueron algunos miembros del
llamado Frente Popular según se dictaminó en Juicio posterior. No se
encontró a ninguno de los asesinos, pero tampoco a mi padre.

Y tranquilamente he estado durante años, sin rencores y sin
ansias. Y así debería seguir. Sin odios. Sin militancias extremas. Sereno.

Quince días antes de los hechos, mi padre fue detenido por
milicianos mientras pasaba el fin de semana junto a mi madre en Comillas
(Cantabria). Parece ser que la semana anterior había incoado causas sobre
unos asesinatos que tuvieron lugar en su jurisdicción. Quince días después
fue fusilado y con una piedra al cuello arrojado al mar. Mi madre estaba
embarazada y fue desterrada a 200 km. del lugar del asesinato. Se refugió
en Santander en casa de unos amigos. Él estaba destinado como ingeniero
naval en el puerto de Santander. El 18 de Febrero de 1.937, tres meses y
medio después, nací yo en el Sanatorio de La Alfonsina, en El Sardinero. Fue
en la clandestinidad, pues mi madre estaba escondida tras su destierro.

El hecho de estar un bebé en un piso donde se supone que no
había ninguno, estaba poniendo en apuros a los amigos que nos cobijaban,
así que madre e hijo lactante embarcaron en un barco de refugiados, se
supone que con destino a la URSS. Al hacer escala en el puerto francés de
Nantes, mi madre que hablaba muy bien francés bajó sin maleta, ni enseres
y se hizo pasar por nacional del País vecino. Pudo llegar a Burdeos y, al
parecer, el cónsul español facilitó su regreso a España, concretamente a
Valladolid que era donde residían mis abuelos maternos ignorantes del
drama vivido por su hija.

Le aseguro, Sr. Magistrado, que la vida de mi madre y la mía no
fue fácil. Pero también le digo que nunca jamás fui educado ni en el odio, ni
en la animadversión. Hasta los 18 años solo sabía que a mi padre le habían
matado los “Rojos”. Como a otros los “Nacionales”. No se habló nunca de
asesinato, ni de los viles y dramáticos momentos vividos por mi madre. Así
que crecí en Madrid, donde mi madre trabajaba, con las necesidades que se
podían vivir en las grandes ciudades. Creo que fue a partir de los 13 ó 14
años cuando descubrí que en el Tribunal Supremo, entrando por la Plaza de
las Salesas, y en el primer piso subiendo por la gran escalinata, había unas
letras doradas de molde con los miembros de las carreras de la
Administración de Justicia que habían sido asesinados. Allí iba casi todos los
meses. Ese era el único lugar que tenía para ver, llorar y rezar a mi padre. Y
era un adolescente. Posteriormente con la llegada de la democracia quitaron
los nombres y me dejaron sin nada. Pero el odio siguió sin anidar en mi.
Debí de considerarlo una aportación al nuevo sistema. A veces he tenido
ganas de dirigirme al Presidente del T. Supremo reclamando unos derechos
adquiridos, pero me he contenido. Ahora es distinto.

Pienso que su orden de abrir procesos y procedimientos es levantar
fantasmas dormidos. Me va hacer ver a quienes no piensan políticamente
como yo, como enemigos y hasta ahora solo eran oponentes. Es muy difícil
controlar el odio y la animadversión. Se necesita tiempo, mucho tiempo.
Pero lo malo es que renace rápidamente. Toda esta situación es un problema
de índole moral, anímica. No jurídica. Y no estoy seguro de que usted sea el
más idóneo para tratar asuntos del alma. Recapacite, porque me está
haciendo daño y por lo tanto, también le puede ocurrir a otros con casos
parecidos al mío.

Por necesidades de mi profesión me he visto obligado a saludar a
políticos en cuyos partidos militaban los asesinos de mi padre. Le aseguro
que no fue fácil, pero la democracia que nos dimos al votar la Constitución
me obligaba a ello; el vivir todos en paz y sin rencores; el caminar todos
juntos buscando el bien común de una nueva sociedad, merecía la pena. Y
ahora, de nuevo, DE NUEVO, se pueden empezar a remover ocultos
fantasmas. Fomentar odios. Abrir viejas y cerradas heridas.

¿Cómo encuentro a mi padre en medio del Mar Cantábrico, Sr.
Garzón?, ¿Cómo le encuentro?. Después de la Guerra Civil, se buscaron sus
restos infructuosamente en la fosa del Mar Cantábrico donde fue arrojado y
ahora vaciarlo no parece lógico, por lo que la solución por usted propugnada
no parece equitativa.

Maduré muy pronto. Nunca me quejé, ni pedí trato o consideración
especial. Los sufrimiento de mi madre y míos durante niñez, pubertad y
juventud conforman mi acervo. La profesión que escogí la gané por
oposición sin tener ninguna ventaja. Ni entre mis compañeros lo comenté.
Muchos de mis amigos no conocen muchas de las vicisitudes vividas por mi,
ni las dificultades para sobrevivir dignamente. Y ni lo he dicho, ni lo aireo.
Pero esto es diferente.

Cuando acabé el bachillerato, mi abuelo paterno me consideró lo
suficientemente maduro como para entregarme unos documentos con la
historia de mi padre. Conocí así todos los pormenores de su asesinato. Creo
que tenía 18 años. Ese verano de 1.955 me fui en auto-stop a Francia
intentando encontrar a los asesinos de mi padre. Nunca pensé para qué.
Pero no podía permanecer inactivo. En el Suroeste francés medité y debí
llegar a la conclusión de que en una guerra fraticida siempre mueren
inocentes. Y continué mi camino a Inglaterra en la idea de aprender inglés
sin coste para mi madre. Hacía poco que se habían abierto las fronteras que
durante años estuvieron cerradas. En los “Albergues de la Juventud” me
miraban como a un bicho raro. Pero jamás alardeé de situación alguna. Todo
me lo gané a pulso. Como muchos otros. Nada debo y nada me deben, pero
no me saque usted de quicio, ni revuelva el pasado. ¿Qué quiere? ¿Qué
malmeta a mis hijos y a mis nietos?. NO PUEDE VOLVER A HABER DOS
ESPAÑAS. NO LO PROMUEVA, POR FAVOR.

Me hice mayor de repente. Ingresé sin Plaza de Gracia y por
oposición en la Academia General del Aire en 1.958 y fui aviador profesional.
Solo los íntimos sabían algo más de mi historia. Los sacrificios de mi madre
para hacer frente a los gastos fueron ímprobos. Pero lo hizo. Y permitió que
su único hijo estuviera en una profesión de riesgo. Habían sido muchos los
miedos y temores superados, como para asustarse. Y no fue a ningún
periódico ni a radio alguna, a rogar o pedir algo.

Once años después pedí la excedencia de la carrera militar (en el
año 1.969), para ejercer como piloto civil en Líneas Aéreas. Pero mi corazón
está en esa Institución. En esa ignorada y nunca suficientemente apreciada
Institución. Donde todos son iguales sin distinción de credo, raza o
procedencia. Y desde siempre.

Usted no se puede imaginar la formación humana que hay que
llegar a tener para aceptar con estoicismo, que un pariente cercano llegara a
obtener el sueldo de coronel, debido a que acabó la guerra como Teniente
del Ejército Republicano y le pagaran 40 años de atrasos. A mi madre, viuda
también de un funcionario, pero asesinado, nunca le fueron subiendo la
pensión de viudedad como se pudiera suponer que hubiera ido ascendiendo
mi padre. A mi pariente que por fortuna estaba vivo, sí se le reconocieron
ascensos; a mi padre que estaba muerto, nunca. Todo lo extra que pude
conseguir para mi madre fue en los Tribunales de Justicia, pero a veces tuve
incluso que recurrir.

Y he vivido feliz y contento y he intentado ser un buen profesional,
tanto en el ámbito civil como en el militar. Y un buen compañero. E incluso
moderador de excesos políticos.

Pero no me remueva usted ahora 60 años de mi vida, que estoy
contento con ella y no quiero recordar y llorar y odiar; y maldecir.

Deje a los muertos tranquilos. No remueva usted el peral que las
peras pueden estar podridas. Podridas de odio y venganza.

Nunca a ninguno de mis tres hijos les inculqué ningún tipo de odio.
Se han criado libres. Escogen su opción política libremente. Nunca he hecho
leña del árbol caído. Saben de refilón, la historia de su abuelo pero quizás
descubran ahora algún dato al leer estas líneas.

Estoy a su disposición para ampliarle todo lo que quiera. Para
enterarle de lo difícil que es pasar dos postguerras (la II G. Mundial también
cuenta), cuando no hay un hombre en la familia y se vive en el segundo y
tercer tercio del siglo XX. Cuando la lucha por la supervivencia pudo ser el
factor principal de todos y cada uno de los meses del año. ¿O es que cree
usted que la mitad de los españoles, durante la época del franquismo
estaban enchufados y viviendo del Régimen?. Todos luchamos lo nuestro en
la paz. No estropee esos años.

Por y para crear una nueva España, hemos vivido sin rencores y sin
odios. Intentando romper los moldes preestablecidos en que se supone que
uno debía desenvolverse y siempre intentando conseguir lo mejor.

Quizás tuviera usted razón muchos años atrás, pero cuando los
españoles nos dimos (sin imposiciones. Nos dimos) una nueva forma de vivir
en el futuro, ya no. Usted no puede romper esa armonía que nació entonces.
No debe de hacerlo. Aunque no nadie soy para ello, le ruego que recapacite.

Estamos sufriendo los españoles unos momentos desconocidos de
violencia verbal entre los partidos políticos, que están empeñados en
volvernos a dividir otra vez en dos Españas. Es un “machaca” continuado y
la ciudadanía de una y otra opción política, está picando el anzuelo de la
irritación, del desasosiego, de la crispación. Todo el mundo cabreado. Pero
usted es un profesional que quiere estar alejado de la arena política. Que
debe comprender cuál es el momento adecuado para las cuestiones
extraordinarias.

Le llamo a lo cordura Sr, Garzón. Es usted un magnífico profesional
de la Administración de Justicia. Es listo y sagaz y así lo ha demostrado en
múltiples ocasiones. Use su calma y su razón, por favor. Se lo pide el hijo
póstumo de un antiguo compañero de carrera.

Atentamente le saluda y espera su reflexión,
J. J.M.G., DNI xxxxxxxxx
Calle xxxxxxxx, MADRID 28xxx»