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domingo, 7 de junio de 2009

La teoría de Charles Perrow sobre el Accidente Normal

Gracias a Arcadi Espada y su columna "El avión cayó por azar" (El Mundo, 5/6/2009), he descubierto a Charles Perrow y su "teoría del Accidente Normal". Como persona con formación en ciencias, y con experiencia en la industria, me interesa enormemente el tema de los accidentes, especialmente los laborales, aunque podría decirse que la mayoría caen dentro de esta categoría.

Ahora mismo estoy leyendo más información sobre la teoría de Perrow, aunque eso no quiere decir que la comparta. Perrow es un sociólogo y, sin menospreciar su formación, puede que carezca de suficiente conocimientos científicos para declarar que las nuevas tecnologías, debido a su creciente complejidad, nos llevan al desastre seguro.

El tema ha surgido de nuevo después de la extraña desaparición de un avión de pasajeros entre Brasil y la costa africana. Y volverá a surgir cada vez que ocurra una catástrofe similar. Pero también hay que mirar las estadísticas. Nunca han volado tantos aviones como ahora y, sin embargo, el índice de muertos en accidente de avión es mucho más bajo que el de muertos por accidente de tráfico, por decir un caso conocido. E incluso en este caso (accidentes de tráfico) se sabe que se puede reducir el número de los que hay. Para ello se deben tomar medidas en diversas direcciones, sobre las que no quiero hablar aquí. Pero los accidentes, como los incidentes, se pueden reducir si las medidas tomadas son correctas. Pero no existe el escenario de "accidentes cero" salvo como objetivo hacia el que hay que trabajar para rebajar contínuamente el índice de accidentes actuales, que siempre será superior a cero.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Existen las señales?

Dice Paulo Coelho en su obra "El Nazhir" que el hombre recibe "señales" del destino que le quieren decir algo y que le sirven de guía en la vida si sabe descifrar esas señales. Puede ser.

Si eso es cierto, yo he recibo una señal importante estos días, aunque no sé cómo interpretarla: un compañero de trabajo ha fallecido en su puesto.

Debido a nuestro tipo de trabajo, los compañeros nos vemos poco, ya que no tenemos un lugar común donde llevar a cabo nuestras obligaciones laborales. Así que a este hombre hacía bastante que no le veía. Tampoco era una persona con la que tuviera amistad ni casi siquiera relación profesional. Nos conocíamos del trabajo, habíamos hablado alguna vez y me parecía una buena persona. Tenía 44 años y buena salud, así que estoy convencido de que ha sido un accidente laboral (otra cosa es lo que diga la empresa, para evitar verse incursa en investigaciones, etc. si trascendiera que no es muerte natural).

Casualmente le ví la víspera de su muerte, por la calle. Era de día y casi nos rozamos hombro con hombro, pero él no me vió ni yo le saludé. ¿Por qué? No lo sé. Creo que tuve miedo de que me entretuviera hablando y yo no tenía ganas de enredarme en una conversación en ese momento. Además, iba con su esposa y creo que me dió pereza empezar con presentaciones, besos, saludos...

Al saber de su muerte, repentina, inesperada y extraña, por las circunstancias de su accidente, me he preguntado una y otra vez que porqué no le saludé aquél día, lo cual habría supuesto una especie de despedida. Y también me he preguntado si tiene algún significado el que yo le haya visto el día previo a su deceso. Creo que me siento algo culpable y escribirlo aquí me libera un poco de esa carga. No se lo he dicho a mis colegas de trabajo para no ser juzgado como mal compañero. Seguramente todo esto no es más que una coincidencia, pero si hay algo más allá, me gustaría verlo.

Hoy, dos días después del fallecimiento, le hemos enterrado. Todo rápido, todo inmediato. Así es esta sociedad. Casi no hay tiempo ni para reflexionar.

¿Por qué no te saludé el otro día, Julio? Si estás en algún Más Allá, sé que no le darás importancia a estas cosas, porque de hecho no la tienen. Sé que me perdonarás no haberte saludado al pasar.

Julio, eras una buena persona. Descansa en paz y paz también para tu viuda y tus hijos. De corazón.