martes, 10 de mayo de 2011

La muerte de Bin Laden

Dios mío, cómo pasa el tiempo. Y yo sin publicar nada.

Lo más reciente y más sonado en el mundo ha sido la muerte de Bin Laden a manos de una fuerza de élite de EE.UU.


Curiosamente, hasta Zapatero ha justificado su muerte, aun cuando las autoridades paquistaníes han dicho que fue "ejecutado" sin oponer resistencia armada. Las autoridades norteamericanas han dicho "que opuso resistencia" aunque sin especificar qué tipo de resistencia.

Zapatero ha dicho que "se lo tenía merecido".

Hoy he leído en El Mundo que también Felipe González ha justificado su muerte.

Así son estos progre-socialistas-izquierdistas (prosoiz). Se les llena la boca hablando de Derechos Humanos y luego legalizan el aborto o justifican cualquier tropelía, siempre que la cometan sus amigos (antes enemigos) americanos.
La conciencia de los pro-so-iz es tan elástica como la goma. Tan pronto los USA son los mayores delincuentes del mundo mundial, como de repente se vuelven seres juiciosos y actúan conforme a Derecho y sin tacha. Es interesante recordar aquí la postura anti-OTAN del PSOE antes de las elecciones y cómo cambió una vez estuvieron el poder. Tuvieron que hacer el referendum prometido para no entrar en la OTAN, pero cambiaron de bando y pasaron del lema "De entrada, NO" al lema "De entrada, SEGURO". Pero todavía hay ingenuos que les creen y que les votan.
Cada vez parece más claro que la muerte de Bin Laden fue un asesinato ordenado por Barack Obama. No parece que hubiera intención de detenerle.

¿Cuál es mi postura? Creo que la resumió muy bien Pedro G. Cuartango en una columna de opinión el 4 de mayo pasado en el periódico El Mundo:

[foto de la noticia]
PEDRO G. CUARTANGO
Hay cosas casi tan repugnantes como el terrorismo. Una de ellas es el crimen de Estado. Y esta es la conducta en la que ha incurrido el presidente Obama al ordenar la ejecución de Osama bin Laden, que tenía que haber sido llevado ante un tribunal internacional para responder de sus crímenes.
He utilizado la palabra «ejecución» porque Bin Laden estaba desarmado y podía haber sido capturado vivo. Pero muy probablemente los soldados estadounidenses tenían órdenes de matarlo para evitar cualquier posibilidad de chantaje en el futuro. Ello no es una mera hipótesis sino que se sustenta en el hecho de que el comando respetó la vida de una esposa y varios hijos del líder de Al Qaeda, a los que dejó maniatados.
Estoy en contra de la operación llevada a cabo por EEUU por tres razones. La primera es que la acción en Pakistán viola el principio de territorialidad, ya que, como reconoció el propio Obama, se hizo sin el consentimiento del Gobierno de Islamabad.
La segunda razón es que fue una confesión obtenida bajo tortura la que llevó a la pista que permitió localizar al terrorista saudí, según ha reconocido Leon Panetta. La tortura jamás es justificable. Es algo repugnante, que degrada moralmente al que utiliza esos métodos. Recordemos que Bush llegó a legitimar la aplicación de asfixias simuladas a los presos de Guantánamo con el argumento de que eran necesarias para la seguridad nacional.
Y, en tercer lugar, Bin Laden podía y tenía que ser detenido para responder por sus abominables crímenes, a poder ser ante un tribunal penal internacional, como se hizo con el caudillo serbio Slobodan Milosevic tras la guerra de la antigua Yugoslavia.
Göring, Ribbentrop, Keitel, Rosenberg, Ley y el resto de la jerarquía nazi fueron juzgados en Nuremberg en 1946 ante un tribunal compuesto por jueces profesionales y con las máximas garantías. Nadie cayó entonces en la tentación de tomarse la justicia por su mano y todos ellos eran responsables de delitos de genocidio y crímenes contra la humanidad.
Hasta el peor de los delincuentes debe ser tratado con la dignidad que él ha negado a los demás y con las garantías jurídicas que exige un Estado de Derecho. Ese no es el comportamiento que ha tenido Obama en este asunto.
Igualmente decepcionante fue la reacción de ayer de Zapatero, que se amparó en la reacción de otros Gobiernos para justificar este crimen de Estado. No me vale la apelación a la ética del gobernante que subyace en sus palabras frente a otra de las convicciones. Esa diferenciación me parece muy peligrosa porque lleva a la impunidad del poderoso.
El proceder de Obama me recuerda al de Napoléon cuando decidió eliminar en 1804 al duque de Enghien, convencido de que estaba implicado en una conspiración contra él. Se fabricaron pruebas falsas y se le ejecutó en Vincennes porque el emperador quería dar un ejemplo aleccionador a sus enemigos y eliminar un obstáculo en su camino hacia el poder absoluto. La semejanza entre ambos casos es que estamos ante crímenes motivados por causas políticas. El asesinato de Enghien fue una mancha indeleble para Napoléon. Igual le va a suceder a Obama con este asesinato legitimado en base a los intereses de Estado.
¿Hasta dónde pueden llegar los dirigentes democráticos en nombre de una razón de Estado que se coloca por encima de los derechos humanos y las convenciones internacionales? No tengo respuesta, pero me temo que Obama ha cruzado una raya roja al arrogarse el recurso a la venganza, creando un precedente que contradice principios básicos y que podría amparar cualquier abuso.
En este asunto, Obama ha optado por anteponer lo bueno políticamente a lo malo moralmente. El hecho de que el 99% de la opinión pública estadounidense haya respaldado la operación de Abbottabad no la convierte en asumible desde el punto de vista ético o jurídico porque el fin no justifica los medios.
Como advertía Ahmed Rashid ayer en estas páginas, este crimen de Estado puede volverse contra sus promotores si EEUU no es capaz de rectificar su política en el mundo musulmán. Muchos jóvenes pueden sentirse tentados a imitar a Bin Laden, elevado a la categoría de mito. Esa sería su mayor victoria después de muerto.
¿Cuál es el problema? Que a EE.UU. se le habría planteado una situación muy difícil si hubiera querido respetar la legalidad nacional e internacional.

En primer lugar, tendría que haber pedido permiso a Pakistán para entrar en su territorio a efectuar la detención. El permiso probablemente habría sido denegado. Pakistán habría preferido que la detención la hiciera su ejército. En este último caso, sería muy fácil que la presa escapara por algún chivatazo desde dentro de la estructura militar de Pakistán, muy probablemente infiltrada por elementos afines a Al Qaeda.

Si, en el mejor de los casos, EE.UU. consiguiera el permiso para actuar dentro de Pakistán y pudieran detener a Bin Laden, tendrían otro numeroso grupo de problemas.

En primer lugar, ¿dónde llevarlo?. Al territorio nacional, como prisionero de guerra, para después juzgarle. Pero tendría que soportar un juicio mediático, presiones y especulaciones de todo tipo procedentes de todo el mundo. Se teme que habría habido numerosos secuestros de ciudadanos norteamericanos (y de otros países occidentales) para chantajear a EE.UU. y forzar la liberación de Bin Laden, mientras este estuviera preso e incluso durante su probable cautiverio tras la condena en juicio.

Un juicio en el Tribunal Penal Internacional sería lo lógico, pero hay otros dos obstáculos:
  1. EE.UU. no reconoce al TPI ya que no acepta que ningún ciudadano suyo sea juzgado en un tribunal de este tipo (muchos militares actuando fuera de los USA quedarían expuestos a demandas en este tribunal por abusos de fuerza en operaciones militares).
  2. EE.UU. no tendría la seguridad de que se dictara una sentencia condenatoria de Osama Bin Laden, a pesar de las abrumadoras pruebas contra él. Los tribunales tienen estas cosas.
Juzgarle en EE.UU. habría sido otra fuente de quebraderos de cabeza para la Administración.

Así que, ante tantas posibles dificultades, los EE.UU. hicieron lo que mejor saben hacer: saltarse todas las leyes, allanar otro país y asesinar a un hombre desarmado.

Para los que estamos a favor de la vida desde la concepción hasta su fin natural, la muerte violenta de un hombre indefenso (aunque sea un criminal como Bin Laden) es siempre una desgracia. El Estado de Derecho exige que se sea escrupuloso en el respeto a las leyes con el fin último de proteger la vida humana.

Sólo una defensa violenta, armada y contumaz del criminal puede justificar tener que abatirlo en el momento de su detención. Incluso en esas situaciones, habría que buscar proteger la vida del asesino neutralizándole con heridas en partes no vitales. Ahí se demostraría la pericia de la fuerza de élite actuante.

¿Tenemos la mentalidad necesaria para defender de verdad el Derecho y poder así decir que vivimos en un Estado de Derecho? ¿O tenemos la conciencia tan elástica como los prosoiz?.

Hay un último punto que no he mencionado.

Parece que la información sobre el paradero de Bin Laden se obtuvo bajo torturas en la prisión de Guantánamo. Parece que hay un consenso internacional respecto a la aberración legal que supone Guantánamo (incluso Barack Obama quería cerrar la cárcel y ahora se ha echado atrás, como nuestros prosoiz). No digamos ya nada de las torturas, autorizadas bajo el mandato de Bush.

¿Obtener esa información justifica las torturas? NO. Simplemente demuestra que los EE.UU. no hacen bien su trabajo de inteligencia, me refiero al "trabajo de campo". ¿Dónde están y qué hacen los miles de espías y agentes pagados por la CIA? Probablemente no se ganan el sueldo que les pagan.

Con acciones como estas, tampoco EE.UU. contribuye a mejorar su prestigio en el mundo, con lo cual se pierden posibles colaboradores para recabar informaciones como esta, en el futuro, necesarias para la seguridad de cualquier país.

Entonces, ¿porque EE.UU. tuvo que conseguir la información sobre B.L. bajo tortura? Porque nadie quiere colaborar con una nación que actúa con soberbia y prepotencia en sus relaciones con otras naciones, como ha hecho EE.UU. por todo el mundo en otras ocasiones, que están recogidas en las hemerotecas.

Con acciones armadas así, justificadas también por muchos dirigentes occidentales, ¿qué ejemplo estamos dando al mundo?. ¿Cómo vamos a pedir a otras naciones que asuman nuestros valores y se encaminen hacia la democracia y el Estado de Derecho? ¿Cómo vamos a dar lecciones de democracia y legalidad a los países árabes, a los africanos, a los centro y sudamericanos, a los asiáticos?.


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